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¿Qué hay que tener en cuenta con los niños y niñas de 6 a 10 años?


Estamos en la etapa escolar, etapa conocida como de latencia, porque el hijo o hija deja de hacer preguntas relacionadas consigo mismo y con las diferencias niño/niña. Digamos que la inquietud por temas sexuales disminuye o pasa a un plano menos aparente. Los “por qué” se aplacan y entran en una fase nueva de aprendizaje. Ahora tienen gran cantidad de información y nuevas situaciones a las cuales adaptarse. Pero hay que tener en cuenta que siguen necesitando de sus padres y de los demás adultos que colaboran en su educación.

Aunque es una etapa de aparente “tranquilidad”, porque no están pendientes de sus padres y empiezan a expandirse hacia otros círculos, también es la época en la que el vínculo cercano que los padres tenían con ellos se modifica. Niño y niña están sumergidos en sus tareas y actividades, en el grupo de amigos con quienes juegan en equipo, en sus “temas”. Y por eso es recomendable que los padres no pierdan los espacios de diálogo.

Siempre se está a tiempo de conocer sus nuevas amistades, los nuevos intereses y juegos, cómo estudian, qué asignaturas les gustan más o les resultan más difíciles, los libros y revistas que leen, las películas que ven, las páginas de internet que les gusta visitar, sus videojuegos favoritos y otras similares. Recordemos que a esta edad tampoco es conveniente que tengan un ordenador portátil propio ni móvil o Smartphone ni tener cuenta o perfil en las redes sociales como Facebook y Tuenti, y no solamente porque es ilegal. Advertimos, sin embargo, la necesidad de prestar atención a aquellos juegos de rol donde pueden interactuar con otros jugadores y para los que se crean un perfil propio.

No hay que desaprovechar las actividades para comunicar o compartir experiencias, así como para informar e ir desarrollando actitudes críticas. Esto se puede lograr de manera espontánea mientras se ve televisión o se comparte un juego o se les ayuda con la tarea. Se trata de compartir con ellos los propios puntos de vista y así enriquecer y ejercitar la actitud crítica constructiva.

En el tiempo dedicado al hijo y a la hija es donde se fortalecen los vínculos y la relación de intimidad entre ellos y sus padres, y donde los padres pueden dar pautas de conductas ante diferentes situaciones. De ese modo, serán los modelos y referentes de las nuevas conductas a seguir. Pero, lo más importante, es que los padres seguirán siendo presencia afectiva cercana y contenedora que brinda seguridad e identificación. Serán modelos a los que se pueden acudir, si se esfuerzan por responder a todas las inquietudes de sus hijos. Si en alguna ocasión no conocieran la respuesta, es mejor decirles, con honestidad y sencillez, que van a estudiar el tema para responderles mejor; pero es fundamental que los padres y madres se tomen en serio la tarea, investiguen y les respondan. Todas esas inquietudes son humanas y no tienen por qué tener contenido negativo; basta con que el adulto esté libre de ansiedad, temor y tensión.

El trato cotidiano y cercano permitirá a hijos e hijas constatar que todo lo que les han enseñado es vivido de manera espontánea y natural. En ocasiones no será fácil, pero incluso el hecho de rectificar en el camino puede constituir una lección “viva” que recordarán siempre. Una manera efectiva de enseñar con el ejemplo consiste en compartir las tareas de la casa. Fortaleciendo el vínculo se abren los canales de comunicación y esto permite que los hijos se sientan en la libertad de preguntar y manifestar sus intereses.

 

 

 

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