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¿Qué hay que tener en cuenta con los niños y niñas de 3 a 5 años?


En esta etapa niños y niñas no solo han crecido en independencia –ya no usan pañales, caminan y se desplazan por sí mismos, sino que además están inmersos en la aventura de explorar para descubrir y entender. Por eso también es la época del “por qué”. Con la aparición del lenguaje y el progresivo enriquecimiento de su vocabulario, los niños y las niñas van expresando cada vez mejor sus necesidades y la educación se hace más variada, más rica en contenido y más personalizada.

En esta etapa ya aprenden a jugar en compañía de alguien. Es un juego en paralelo, aún no incorporan del todo el juego en equipo o en conjunto, pero es un inicio. Es importante conocer sus juegos favoritos, sus primeros amigos y/o amigas, observar cómo se relacionan, conocer las actividades del entorno escolar inicial en el que estén, qué actividades les son agradables y cuáles no, qué cualidades tienen y qué virtudes necesitan fortalecer. También es importante saber explicar con sencillez que son diferentes porque sus cuerpos responden a una realidad diferente: su identidad, que va más allá de las características físicas, y que existe una continuidad entre lo que son y sus respectivos cuerpos (por ejemplo, no decir: “eres mujer porque tienes vagina”, sino: “porque eres mujer tienes vagina”, y mensajes por el estilo).

Conviene conversar con niños y niñas sobre la familia, los amigos y compañeros. Comunicarles la experiencia del amor: a través de los afectos, de las correcciones, de la valoración de su persona, de buscar lo mejor. Que entiendan que el amor tiene que ver con el cuidado, la atención, la corrección, con ayudar a los demás y ser virtuosos.

Respecto a los “por qué”, repetimos que es bueno responder teniendo en cuenta su realidad. Por eso, antes de responder, es preciso tratar de entender bien la naturaleza de la pregunta y por qué la están haciendo. En la respuesta, hay que utilizar un lenguaje cercano, usando ejemplos de la vida cotidiana que le sean fáciles de entender, pero evitando un simplismo que deforme la verdad y que luego pueda ser ridiculizado por los amigos o los medios de comunicación. No hay nada más convincente que la verdad dicha con creatividad y prudencia.

También es la época de los límites: límites que se enseñan con paciencia, respetando el tiempo de cada hijo o hija. Es importante educarlos enseñándoles a diferenciar entre su valor personal y la corrección de alguno de sus actos, para que vean que están por encima del número de virtudes o defectos que tengan. Es preciso mostrarles que lo importante es que se esfuercen por ser personas buenas.

Eso implica enseñarles también el valor y el respeto su corporalidad, reforzando los hábitos de higiene y el cuidado de su cuerpo y de su intimidad. Es la época del reconocimiento del cuerpo, incluyendo la tendencia a tocarse los genitales (ver pregunta sobre masturbación en niños).

En la vida familiar es necesario aprovechar las experiencias cotidianas que les causan asombro o curiosidad, tales como ver a una señora embarazada o escuchar en la calle menciones sobre asuntos relacionados con la sexualidad. En el modo de reaccionar ante este tipo de situaciones, que con frecuencia les pueden tomar por sorpresa, los padres dan a sus hijos e hijas un testimonio cuando las respuestas son dadas con serenidad, sin alterar el tono de voz, como si se tratara de algo extraordinario. Esto implica que los padres hagan un esfuerzo por resolver primero sus ideas preconcebidas y dudas, para después poder responder con tranquilidad y honestidad a las inquietudes de sus hijos.

En esta edad se consolidan las actividades por identidad: las niñas se identifican más con las costumbres de la madre, y los niños se reconocen parecidos al padre. También se empiezan a diferenciar en el tipo de juegos. Niños y niñas manejarán mejor los límites cuando vean que hay cosas que papá y mamá viven: por ejemplo, cerrar la puerta para cambiarse, bañarse por separado, cerrar la puerta para ir al baño, comer sin ayuda en el comedor, ordenar las cosas, limpiar lo que se ensucia, etc. Son conductas que no solo educan en los límites, sino también en el sentido de responsabilidad: responsabilidad con la propia vida y con el propio cuerpo, que tendrá buenas consecuencias en la adolescencia.

 

 

 

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