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¿Qué hay que tener en cuenta con los bebés?


La educación sexual es una tarea integral e integradora. Por lo tanto, abarca todos los aspectos de la persona: desde la explicación sobre su concepción hasta los hábitos de higiene, desde su identidad como hombre o mujer hasta las amistades que cultiva. La sexualidad no se reduce a conceptos de genitalidad.

Por esto es importante que en los primeros años de vida el niño se sienta acogido totalmente. Desde que está en el vientre de su madre, ya percibe el entorno y los estímulos que esta y su padre le dan. A partir del momento en el que nace, se trata de conocer integralmente a la nueva persona que vive con esos padres que lo reciben (o los adultos que se hacen cargo de la crianza de ese niño): observar sus movimientos, por qué llora, si tiene hambre; observar su desarrollo físico y psicomotor, así como sus características afectivas.

Es importante en esta etapa hablarle al bebé, comunicarse con él, no solo verbalmente sino sobre todo de manera gestual y física (caricias, arrullos, cantos, masajes, muecas, sonrisas), y así compartir con él tanto la experiencia de conocerlo como de ayudarle a contactar y conocer cada vez más el entorno.
Ya desde esta etapa, el bebé incorpora ciertos hábitos, como las horas de comida, el tipo alimentación, horas de aseo, hábitos de higiene, tipo de juegos. Se le debe ir educando en el manejo del tiempo y de los límites. Y en el tiempo compartido, tanto en el día a día como en los espacios de juego o vida familiar, los padres estarán siendo modelos directos y cercanos de personas con una identidad definida: varón o mujer, que aprenden de ellos al ver cómo actúan.

 

 

 

 

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