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¿Quién debe educar la afectividad y sexualidad de los jóvenes?


Al observar las leyes que regulan la educación sexual de jóvenes y adolescentes en algunos países, se percibe la pretensión por parte de algunos organismos oficiales, de que su propuesta sea la única válida. Pero muchas veces lo que fundamenta estas normas no son más que opiniones de algunas personas o grupos que carecen de sustento científico.

Los padres son los primeros educadores de sus hijos y tienen la responsabilidad y el derecho de elegir, dentro de las posibilidades reales, el modelo educativo y el entorno cultural en el que se formen sus hijos. Esta responsabilidad es irrenunciable, está reflejada en numerosos tratados internacionales y debería respetarse siempre. Las autoridades gubernamentales deben respetar la formación ética y moral, que los padres desean dar a sus hijos. Deben facilitar la existencia de programas que garanticen una educación afectiva y sexual acorde con las evidencias científicas, la naturaleza y dignidad del ser humano y también con el marco de principios, valores y creencias de los padres.

Entre las condiciones más importantes que los padres deben cuidar en la educación sexual de sus hijos podemos destacar:
- Ser coherentes, centrando la educación afectivo-sexual en el amor a los hijos.
- Buscar la formación continuada en estas cuestiones; evitar improvisaciones. Cuanto mayor sea la preparación e implicación de ambos progenitores en la educación de los hijos mejor realizarán esta misión
- Adecuarse al contexto social, adelantándose en algunas explicaciones para preparar a sus hijos ante lo que pueden ver y oír en determinadas circunstancias y ambientes, que indudablemente influyen sobre ellos.
- Dedicar tiempo a los hijos, porque es en situaciones cotidianas y no programadas (el camino hacia el colegio, por ejemplo) cuando aparecerán oportunidades para conversar con ellos sobre estas cuestiones.

La escuela colabora subsidiariamente con los padres en la educación de sus hijos y la elección del centro educativo puede resultar un factor decisivo: los padres deben tener la posibilidad de buscar el apoyo educativo que consideren más acorde con sus propios criterios. Así, deben poder elegir una escuela determinada, con un ideario propio que coincida con sus valores para que sus hijos reciban en la escuela una educación sexual en sintonía con la que reciben en casa. Por su parte también los padres de los colegios públicos tienen el derecho de elegir qué tipo de educación afectivo-sexual prefieren para sus hijos, ya que se trata de una cuestión sujeta a valores personales. Además tienen el derecho de exigir a las autoridades educativas y administrativas, a través de los cauces que permite toda democracia moderna, que se respete este derecho fundamental y que se facilite su ejercicio. Por otro lado los padres siempre pueden hacer propuestas educativas, a través de las asociaciones de padres y madres de alumnos.

Junto a los padres y los profesores, que de manera subsidiaria trabajan de acuerdo con los padres, también influyen en esta educación afectivo-sexual de los hijos el grupo de iguales y la sociedad en general, a través de los medios de comunicación. Por ello, si los padres y los colegios se inhiben en esta tarea de educar, los hijos acabarán haciendo suyos los valores de este entorno social que en muchas ocasiones es perjudicial para ellos.

 

 

 

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