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¿Qué es la educación sexual integral?


En términos generales podemos clasificar los programas de educación sexual en las siguientes categorías:
1. Programas centrados en los datos biológicos y el uso de anticonceptivos.
2. Programas de “solo abstinencia”.
3. Programas “integrales” (o llamados “abstinence plus”)
4. Programas “centrados en la abstinencia”

(1) Los programas centrados en la biología y en el uso de anticonceptivos parten de la premisa de que el hecho sexual es un hecho simplemente biológico y que para atajar los problemas educativos basta informar con claridad sobre los aspectos físicos de la actividad sexual y el uso de anticonceptivos. Se hace bastante hincapié en informar sobre el uso de estos anticonceptivos y menos en otros aspectos educativos relacionados con la personalidad o afectividad de los alumnos. No siempre logran los resultados que pretenden (una optima salud sexual) y sin embargo siguen aplicándose en muchos lugares.

(2) Los programas de “solo abstinencia” centran la educación sexual en mensajes a favor de la abstinencia de relaciones sexuales. Cuando se dirigen a jóvenes que ya están teniendo relaciones sexuales, se les insiste en que lo mejor es que dejen de tenerlas. Los mejores programas no se limitan a defender la abstinencia sino que trabajan con los jóvenes para ayudarles a lograr este objetivo en las circunstancias reales de sus vidas. El problema que pueden presentar estos programas es que al no mencionar de ninguna manera al preservativo, puede darse el caso de que quienes deciden tener relaciones sexuales acaben asumiendo un riesgo mayor al no usarlos, ya que no saben siquiera que los preservativos pueden reducir el riesgo de una infección de transmisión sexual (ITS) o un embarazo.

(3) Los programas llamados “integrales” describen todas las opciones que hay para que un joven pueda evitar o reducir el riesgo de una ITS o un embarazo. Mencionan la abstinencia pero se acaban centrando en promover el uso de preservativos como la opción más “realista” para los jóvenes. Asumen, en el fondo, que la abstinencia no es posible, no es realista, para ellos. Algunas veces se llama a estos programas “abstinence plus” porque añaden la información del preservativo al programa de la abstinencia. El problema de estos programas es que no tienen en cuenta que para los jóvenes algunas opciones (abstinencia) son mejores que otras (preservativos). Pueden incluso favorecer el fenómeno de “compensación de riesgos”: al presentarse los preservativos como si fueran 100% eficaces, los jóvenes que no son sexualmente activos, pueden animarse a tener relaciones sexuales porque se sienten totalmente seguros usando el preservativo. De la misma manera, los que ya tienen relaciones sexuales pueden acabar teniendo más parejas sexuales que las que tenían antes del programa de educación. Al final, los jóvenes acaban teniendo un mayor riesgo para su salud sexual.

(4) Los programas “centrados en la abstinencia” son programas que centran la educación sexual en mensajes a favor de la abstinencia, aunque también informen sobre el uso de preservativos. Se diferencian de los programas llamados “integrales” en que nunca recomiendan como mejor opción para los jóvenes el uso de preservativos. Tampoco presentan las opciones existentes con la supuesta “neutralidad” de los programas integrales, sino que apuestan claramente por la abstinencia asumiendo que los jóvenes pueden en la práctica elegir esta opción. A los jóvenes que ya están teniendo relaciones sexuales, se les insiste que lo mejor para ellos es que dejen de tenerlas. Los mejores programas no se limitan a explicar la teoría sino que intentan, además, trabajar con los jóvenes para ayudarles a lograr este objetivo en las circunstancias reales de sus vidas.
Este enfoque sigue la evidencia científica existente sobre la estrategia de prevención de las ITS y los embarazos: la abstinencia o retraso del inicio sexual y la monogamia (fidelidad) mutua son las opciones más eficaces, ya que evitan que la persona se exponga al riesgo, mientras que los preservativos reducen el riesgo pero no lo eliminan, es decir, la persona sigue estando expuesta a un riesgo. Estos programas centrados en la abstinencia son los que verdaderamente deberían llamarse “integrales”.

 

 

 

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